La Iglesia y los derechos humanos

2 01 2008

El rebaño transhumante pasó por Madrid el pasado domingo en defensa de la familia cristiana. Saliendo de la polémica sobre cuánta gente fue (los “progres” no contamos ni a los niños no-nacidos ni a los querubines) me sorprendió muchísimo el discurso de los obispos.

Estos ancianos nostálgicos, nos recordaron que la Declaración Universal de los Derechos Humanos exige la protección por parte del estado de la institución familiar, en concreto el artículo 16.3:

La familia es el elemento natural y fundamental de la sociedad y tiene derecho a la protección de la sociedad y del Estado.

¡Qué buena memoria tienen para lo que les conviene! Ya podían -aunque sería mucho pedir- haberse leído entera la declaración, ya que por ejemplo, también se habla del divorcio:

Artículo 16.1: “1. Los hombres y las mujeres, a partir de la edad núbil, tienen derecho, sin restricción alguna por motivos de raza, nacionalidad o religión, a casarse y fundar una familia, y disfrutarán de iguales derechos en cuanto al matrimonio, durante el matrimonio y en caso de disolución del matrimonio.

Por otro lado la Iglesia tampoco es que pueda presumir de llevarse bien con la comisión para los derechos humanos de las Naciones Unidas. De los 103 convenios internacionales, la Santa Sede sólo ha suscrito 10, excluyendo todas las convenciones que trataban sobre la supresión de las discriminaciones basadas en la sexualidad, enseñanza, empleo y la profesión. Paradójicamente, tampoco firmaron las que defendían la familia o el matrimonio o las contrarias a la pena de muerte. Esta vergonzosa política pone al Estado Vaticano a la cola de los países a nivel mundial en cuanto a derechos humanos se refiere, quedando detrás de Ruanda.

Poco nos puede enseñar la Iglesia sobre derechos humanos, sobre todo teniendo en cuenta las amistades que ha cosechado a lo largo de la historia: desde Franco hasta Hitler, pasando por Pinochet.




La moral tradicional

7 12 2007

Pregúntese seriamente si el mundo ha mejorado gracias a la enseñanza moral que tradicionalmente se da a la juventud. Considere la cantidad de pura superstición que contribuye a la formación del hombre convencionalmente virtuoso y piense que, mientras se nos trataba de proteger contra toda clase de peligros morales imaginarios a base de prohibiciones increíblemente estúpidas, prácticamente ni se mencionaban los verdaderos peligros morales a los que se expone un adulto. ¿Cuáles son los actos verdaderamente perniciosos a los que se ve tentado un hombre corriente? Las triquiñuelas en los negocios, siempre que no estén prohibidas por la ley, la dureza en el trato a los empleados, la crueldad con la esposa y los hijos, la malevolencia para con los competidores, la ferocidad en los conflictos políticos… éstos son los pecados verdaderamente dañinos más comunes entre los ciudadanos respetables y respetados. Por medio de estos pecados, el hombre siembra miseria en su entorno inmediato y pone su parte en la destrucción de la civilización. Sin embargo, no son éstas las cosas que, cuando está enfermo, le hacen considerarse un paria que ha perdido todo derecho a la gracia divina. No son éstas las cosas que le provocan pesadillas en las que ve visiones de su madre dirigiéndole miradas de reproche. ¿Por qué su moralidad subconsciente está tan divorciada de la razón? Porque la ética en que creían los que le guiaron en su infancia era una tontería; porque no estaba basada en ningún estudio de los deberes del individuo para con la comunidad; porque estaba compuesta por viejos residuos de tabúes irracionales; y porque contenía en si misma elementos morbosos derivados de la enfermedad espiritual que aquejó al moribundo imperio romano. Nuestra moral oficial ha sido formulada por sacerdotes y por mujeres mentalmente esclavizados. Ya va siendo hora de que los hombres que vayan a participar normalmente en la vida normal del mundo aprendan a rebelarse contra esta idiotez enfermiza.”


Extracto de La conquista de la felicidad, de Bertrand Russell




Persépolis y la revolución islámica

9 11 2007

Irán, con los rumores (cada vez menos infundados) de ser el próximo objetivo de Estados Unidos es últimamente el centro de atención de los diarios internacionales.

La revolución islámica ha transformado Irán en un país totalitario que carece por completo de las libertades más básicas. Tal retroceso se debe al hastío de la población hacia los gobiernos títeres y la falta de recursos para mantener una calidad de vida decente. Además la invasión y la guerra con Irak puso a sus dirigentes en una posición en la que el fanatismo no solo no era censurado, si no que se aplaudía.

Persépolis de Marjane Satrapi es una novela gráfica autobiográfica donde la autora cuenta su vida con una sinceridad terrible. Nacida en el seno de una familia progresista la autora cuenta sus esperanzas en la revolución, la guerra con Irak, la falta de libertad y su posterior huida y regreso de Europa. Han hecho una película que estrenaron hace poco aquí en España.

Se han dicho muchas mentiras sobre Irán, sobre todo en el campo de la libertad religiosa donde las religiones (no sólo el Islam) gozan de una libertad y un poder que probablemente tengan en pocos sitios en el mundo. De hecho cristianos, judíos y zoroastrianos (antigua religión iraní) cuentan cada una por decreto con un diputado en el parlamento pese a ser muy minoritarias.

Sin embargo, la libertad de culto y la “eclesiocracia” [PDF], lejos de traer paz y concordia lo único que han hecho es que se alineen contra el pagano occidente y todo lo que ellos ven como sus representaciones: feminismo, homosexualidad, modas… Sus líderes se han erigido como guardianes de la moral y para mantener el aislamiento cultural no han dudado en manipular a la población y castigar incluso por las cosas más superficiales e inocuas.

Aquí os dejo un ejemplo de los programas para niños que ponen en los países islámicos. Está en inglés pero es fácil de entender.




La Imagen: A los dos lados de la barrera

23 06 2007

natishohatefe.jpg
Nati Shohat, EFE. Judía ultraortodoxa increpa a los manifestantes

Al grito de “Dios no quiere a los homosexuales” los judíos ultraortodoxos sabotearon la marcha del orgullo gay en Israel.

La manifestación ha supuesto un punto de encuentro para las religiones. Todas estaban en contra de la marcha, ya fueran judíos, musulmanes o cristianos.

La violencia y el fanatismo se saldaron con dos apuñalamientos en la “ciudad sagrada”, parece que para estas personas los mandamientos no son norma, si no excepciones.

¿Y tú? ¿que lado de la barrera prefieres?




Guerra santa contra el “relativismo moral”

22 06 2007

El hilo comienza aquí.

Los obispos vuelven al ataque contra Educación para la Ciudadanía, dicen que apoyan “todos los medios legítimos” para oponerse a la asignatura.

El comunicado en cuestión dice lo siguiente:

obispos.jpgHemos de denunciar también que los criterios que guiarán estas enseñanzas son los propios del relativismo y de la llamada ideología de género. La “verdad” no juega papel alguno en los Decretos que desarrollan sus contenidos. En cambio, el nuevo concepto de “homofobia” forma parte de los contenidos previstos como enseñanzas mínimas por los Reales Decretos. Bajo tal concepto se esconde una visión de la constitución de la persona más ligada a las llamadas “orientaciones sexuales” que al sexo. De ahí que el sexo, es decir, la identidad de la persona como varón o como mujer, sea suplantado por el “género” precisamente cuando se señalan los criterios según los cuales se evaluará la conciencia moral de los alumnos de Secundaria.

gayderechos.jpgHemos llegado al quid de la cuestión. Lo que molesta a los obispos es la llamada “ideología de género” y el “relativismo”. Como vemos la ideología de género no es más que el llamamiento al respeto hacia los homosexuales que se hace en la asignatura de la misma forma que se hace con personas de otras razas y de distintas religiones. Todo ello en contraposición a la “verdad”, es decir, su “verdad”. La “verdad” que ellos defieden por la que los homosexuales, pese a que no hacen daño a nadie, suponen un símbolo para la supuesta decadencia moral de nuestra sociedad.

Disimulan su homofobia diciendo que la “ideología de género” es “desestructuradora de la identidad personal”. Es decir que les digan en el instituto que los homosexuales merecen respeto va a transformar a nuestros hijos en personas desestructuradas y con dudas acerca de su identidad sexual, tócate las narices.

Los obispos no conciben una asignatura que hable de moral pero no de religión y si lo hacen, no lo aceptarán jamás. Lo llaman relativismo moral echando a un lado que ellos pregonan la caridad y viven en palacios; defienden la vida de millones de no-nacidos y dejan morir a otros tantos en África por los fanáticos que envían a las misiones y su negativa a aprobar el uso del preservativo; hablan del celibato y condenan a los adúlteros pero ocultan a los pedófilos que aparecen de tanto en tanto en su jerarquía… Tiene tarea que ahora nos vengan con el “relativismo moral”, Menuda autoridad son estos señores en la materia.

unas enseñanzas que, además, tal como aparecen programadas, significan la imposición del relativismo y de la ideología de género. No es precisamente esto lo que los organismos de Europa sugieren a los Estados miembros“.

En la recomendación del consejo de ministros [PDF] se habla de defender los derechos humanos, que, pese a quien pese, incluyen también los derechos sexuales. Tampoco viene en ningún sitio que se tenga que educar moralmente conforme a tal o cual religión, están molestos por el supuesto “laicismo” de la asignatura cuando no se ridiculiza ni se ningunea al cristianismo, sólo se le nombra junto con otras religiones cuando se habla de derechos humanos. Esto es para ellos, como dije antes, inconcebible.

familiabiblia.jpgLa libertad de los padres con respecto a la educación de sus hijos no es absoluta, no tienen carta blanca para adoctrinarles ideológicamente como les venga en gana al igual que no pueden abusar de ellos sexualmente ni ponerlos a trabajar a los 10 años. Si bien es prácticamente imposible impedirselo no pueden rechazar que el Estado (democrático, al contrario que la Conferencia Episcopal) les proporcione un sistema educativo tolerante e igualitario. Manolo Saco habla hoy sobre el tema:

Basta ya. Los padres no tienen el derecho a elegir “cualquier” forma de educación, porque sus hijos no son suyos en propiedad, no son un objeto, como la casa o el coche, a los que pueden pintar y “tunear” a su antojo. Los padres tienen el “deber” de educar a sus vástagos, pero no el “derecho” a enseñarles estupideces, a torturarles psicológicamente con el infierno y su tortura eterna. […] Los padres no tienen derecho a elegir que en la escuela se les enseñe a sus hijos que la Tierra es plana, que el universo sólo tiene 6.000 años de edad porque las Sagradas Escrituras avalan semejante necedad, que dos y dos son siete, y que el agua es H2S3. Ni el Estado puede consentir que un padre ignorante impida que sus hijos asistan a la escuela ‘porque es una pérdida de tiempo’