El hilo comienza aquí.
Los obispos vuelven al ataque contra Educación para la Ciudadanía, dicen que apoyan “todos los medios legítimos” para oponerse a la asignatura.
El comunicado en cuestión dice lo siguiente:
“Hemos de denunciar también que los criterios que guiarán estas enseñanzas son los propios del relativismo y de la llamada ideología de género. La “verdad” no juega papel alguno en los Decretos que desarrollan sus contenidos. En cambio, el nuevo concepto de “homofobia” forma parte de los contenidos previstos como enseñanzas mínimas por los Reales Decretos. Bajo tal concepto se esconde una visión de la constitución de la persona más ligada a las llamadas “orientaciones sexuales” que al sexo. De ahí que el sexo, es decir, la identidad de la persona como varón o como mujer, sea suplantado por el “género” precisamente cuando se señalan los criterios según los cuales se evaluará la conciencia moral de los alumnos de Secundaria.”
Hemos llegado al quid de la cuestión. Lo que molesta a los obispos es la llamada “ideología de género” y el “relativismo”. Como vemos la ideología de género no es más que el llamamiento al respeto hacia los homosexuales que se hace en la asignatura de la misma forma que se hace con personas de otras razas y de distintas religiones. Todo ello en contraposición a la “verdad”, es decir, su “verdad”. La “verdad” que ellos defieden por la que los homosexuales, pese a que no hacen daño a nadie, suponen un símbolo para la supuesta decadencia moral de nuestra sociedad.
Disimulan su homofobia diciendo que la “ideología de género” es “desestructuradora de la identidad personal”. Es decir que les digan en el instituto que los homosexuales merecen respeto va a transformar a nuestros hijos en personas desestructuradas y con dudas acerca de su identidad sexual, tócate las narices.
Los obispos no conciben una asignatura que hable de moral pero no de religión y si lo hacen, no lo aceptarán jamás. Lo llaman relativismo moral echando a un lado que ellos pregonan la caridad y viven en palacios; defienden la vida de millones de no-nacidos y dejan morir a otros tantos en África por los fanáticos que envían a las misiones y su negativa a aprobar el uso del preservativo; hablan del celibato y condenan a los adúlteros pero ocultan a los pedófilos que aparecen de tanto en tanto en su jerarquía… Tiene tarea que ahora nos vengan con el “relativismo moral”, Menuda autoridad son estos señores en la materia.
“unas enseñanzas que, además, tal como aparecen programadas, significan la imposición del relativismo y de la ideología de género. No es precisamente esto lo que los organismos de Europa sugieren a los Estados miembros“.
En la recomendación del consejo de ministros [PDF] se habla de defender los derechos humanos, que, pese a quien pese, incluyen también los derechos sexuales. Tampoco viene en ningún sitio que se tenga que educar moralmente conforme a tal o cual religión, están molestos por el supuesto “laicismo” de la asignatura cuando no se ridiculiza ni se ningunea al cristianismo, sólo se le nombra junto con otras religiones cuando se habla de derechos humanos. Esto es para ellos, como dije antes, inconcebible.
La libertad de los padres con respecto a la educación de sus hijos no es absoluta, no tienen carta blanca para adoctrinarles ideológicamente como les venga en gana al igual que no pueden abusar de ellos sexualmente ni ponerlos a trabajar a los 10 años. Si bien es prácticamente imposible impedirselo no pueden rechazar que el Estado (democrático, al contrario que la Conferencia Episcopal) les proporcione un sistema educativo tolerante e igualitario. Manolo Saco habla hoy sobre el tema:
“Basta ya. Los padres no tienen el derecho a elegir “cualquier” forma de educación, porque sus hijos no son suyos en propiedad, no son un objeto, como la casa o el coche, a los que pueden pintar y “tunear” a su antojo. Los padres tienen el “deber” de educar a sus vástagos, pero no el “derecho” a enseñarles estupideces, a torturarles psicológicamente con el infierno y su tortura eterna. […] Los padres no tienen derecho a elegir que en la escuela se les enseñe a sus hijos que la Tierra es plana, que el universo sólo tiene 6.000 años de edad porque las Sagradas Escrituras avalan semejante necedad, que dos y dos son siete, y que el agua es H2S3. Ni el Estado puede consentir que un padre ignorante impida que sus hijos asistan a la escuela ‘porque es una pérdida de tiempo’“