La moral tradicional

7 12 2007

Pregúntese seriamente si el mundo ha mejorado gracias a la enseñanza moral que tradicionalmente se da a la juventud. Considere la cantidad de pura superstición que contribuye a la formación del hombre convencionalmente virtuoso y piense que, mientras se nos trataba de proteger contra toda clase de peligros morales imaginarios a base de prohibiciones increíblemente estúpidas, prácticamente ni se mencionaban los verdaderos peligros morales a los que se expone un adulto. ¿Cuáles son los actos verdaderamente perniciosos a los que se ve tentado un hombre corriente? Las triquiñuelas en los negocios, siempre que no estén prohibidas por la ley, la dureza en el trato a los empleados, la crueldad con la esposa y los hijos, la malevolencia para con los competidores, la ferocidad en los conflictos políticos… éstos son los pecados verdaderamente dañinos más comunes entre los ciudadanos respetables y respetados. Por medio de estos pecados, el hombre siembra miseria en su entorno inmediato y pone su parte en la destrucción de la civilización. Sin embargo, no son éstas las cosas que, cuando está enfermo, le hacen considerarse un paria que ha perdido todo derecho a la gracia divina. No son éstas las cosas que le provocan pesadillas en las que ve visiones de su madre dirigiéndole miradas de reproche. ¿Por qué su moralidad subconsciente está tan divorciada de la razón? Porque la ética en que creían los que le guiaron en su infancia era una tontería; porque no estaba basada en ningún estudio de los deberes del individuo para con la comunidad; porque estaba compuesta por viejos residuos de tabúes irracionales; y porque contenía en si misma elementos morbosos derivados de la enfermedad espiritual que aquejó al moribundo imperio romano. Nuestra moral oficial ha sido formulada por sacerdotes y por mujeres mentalmente esclavizados. Ya va siendo hora de que los hombres que vayan a participar normalmente en la vida normal del mundo aprendan a rebelarse contra esta idiotez enfermiza.”


Extracto de La conquista de la felicidad, de Bertrand Russell




Memoria Histórica

19 10 2007

“No quiero hacer un inventario de mártires, ni de laceraciones, ni de tiempo perdido. Me temo que dentro de cincuenta años los diccionarios enciclopédicos audiovisuales irán reduciendo el capítulo dedicado a usted: cuatro imágenes, cuatro gestos, cuatro situaciones y una voz en off obligada al resumen y a la objetividad histórica: “Francisco Franco Bahamonde, El Ferrol 1892-Madrid 1975. Militar y político español (político si, general, lo siento). Destacó en las campañas africanas de comienzos de siglo y comandó el bando nacionalista durante la guerra civil española (1936-1939) frente al bando republicano. Jefe de Estado hasta su muerte en 1975, gobernó con autoridad no exenta de dureza, pero bajo su mando se sentaron las bases del desarrollismo neocapitalista que hizo de España una mediana potencia industrial en el último cuarto del siglo XX“. Y eso será más o menos todo. Los historiadores insistirán algo más pero le objetivarán y nos objetivarán: guerra de crueldades equivalentes, posguerra de autoritarismo a cambio de desarrollo… en fin, la historia es biplana y en ella no caben los ruidos, sean gemidos o gritos de rabia y terror. Y cada vez que un ciudadano del futuro lea esa historia objetivada o presencie esos vídeos reductores, será como si usted emergiera del horizonte conduciendo un fantasmal bulldozer negro dispuesto a cubrir con una capa más de tierra a todas sus víctimas de pensamiento, palabra, obra y omisión

Extracto de Autobiografía del General Franco, de Manuel Vázquez Montalbán

Memoria Histórica



Desde Rusia todo es posible

31 08 2007

Marcial Pombo relata la experiencia de su padre en el PCE recién proclamada la II República:

Era tal la debilidad del partido [del PCE] que se quedó casi sin respuesta ante la caída de la monarquía y la proclamación de la república. El responsable de célula a la que asistía mi padre, les leyó las consignas que llegaban de la Internacional que exigían nada menos que quitar a las fuerzas monárquicas su base material mediante la confiscación de los bienes de la Corona, la eliminación de los oficiales monárquicos y la confiscación de las tierras a los terratenientes. Y como segundo paso, por si quedaban fuerzas después del primero, desarmar a las fuerzas reaccionarias y armar a las masas obreras y campesinas. Recordaba el hombre que tras la lectura de las consignas se miraron los unos a los otros y una voz más o menos anónima comentó: No te jode. La voz más o menos anónima fue identificada y castigada con seis meses de suspensión de militancia. A mi padre le gustaba aquella gente y trató de convencerse a sí mismo que sus discrepancias se debían a que tenía miedo, un miedo sin duda insolidario y de pequeño burgués , lógico en un heredero de la moral de un cantero coleccionista de minifundios y cantonalista.

Autobiografía del General Franco, Manuel Vázquez Montalbán.




Símbolos

3 08 2007

Había niños a los que nunca nos habían gustado ni iban a gustarnos los símbolos. Queríamos que un árbol fuese un árbol y que un pan fuese un pan, hermosos en sí mismos, valederos, reales, y el árbol se nos quedaba sin verdor y el pan sin sabor cuando el cura, o el maestro, o los libros, más tarde, querían persuadirnos de que el árbol era el símbolo de otra cosa, quizá de una cosa más excelsa, sí, pero que a nosotros no nos servía, no nos sirve, no nos ha servido nunca, porque el segundo sentido de las cosas no deja de traicionar siempre al primero, y ya es feo que las cosas tengan un segundo sentido.

El árbol es hermoso con sus ramas y sus pájaros y sus hojas. Cualquier simbolismo que se haga con el árbol, se hace siempre a costa de cargarse el árbol, a costa de talarlo para sacar de él leña de conceptos. Aunque la teoría sea muy bonita, uno piensa, al final, que le gustaba más el árbol. Yo quería mi árbol y nada más.

Los poetas, los predicadores y los filósofos han venido a ensuciar la naturaleza con sus alegorías, con sus símbolos, y de un pájaro han hecho un alma y de un árbol una vida. El utilizar la naturaleza como ejemplo moral es un fraude, es un atentado contra la naturaleza que debiera estar prohibido. Todas estas cosas las pensábamos nosotros, un poco más confusamente durante la misa y el sermón. Pero todavía tardaríamos mucho tiempo en decidir, en optar por los árboles y los pájaros sin moraleja, sin trasfondo. La moral tiene que hacérsela el hombre, él es su propia moral, y apelar a los ríos y a los bosques para poner ejemplos es un recurso imaginativo de falta de imaginación.

Memorias de un niño de derechas, Francisco Umbral.




Los justos

25 06 2007

Un hombre que cultiva un jardín, como quería Voltaire.
El que agradece que en la tierra haya música.
El que descubre con placer una etimología.
Dos empleados que en un café del Sur juegan un silencioso ajedrez.
El ceramista que premedita un color y una forma.
Un tipógrafo que compone bien esta página, que tal vez no le agrada
Una mujer y un hombre que leen los tercetos finales de cierto canto.
El que acaricia a un animal dormido.
El que justifica o quiere justificar un mal que le han hecho.
El que agradece que en la tierra haya Stevenson.
El que prefiere que los otros tengan razón.
Esas personas, que se ignoran, están salvando el mundo.


Los justos, Jorge Luís Borges