Me gustan mucho los encuentros con los internautas.
A los personajes se les suelta la lengua, les llaman Don Fulanito y se dan un baño de multitudes entre sus incodicionales. Dan opiniones que no se les ocurriría decir ni por asomo en la radio o en la columna de un periódico. Este fenómeno se acentúa todavía más en los diálogos de Libertad Digital, que por cansinos y repetitivos ya sólo siguen unos cuantos.
Pues bueno, curioseando por ahí me encontré la siguiente perla:
Pregunta el internauta:
“¿Cree usted que la asignatura de Educación para la Ciudadanía va a tener efectos reales sobre la moral de los jóvenes? ¿No puede convertirse en un intento fallido de inculcar una ideología que la gente de bien no comparte, como lo fue la Formación del Espíritu Nacional?”
Y responde nuestro amigo de las ondas:
“Hombre, había gente de bien que compartía bastantes cosas de la FEN. Yo aprendí a leer a Antonio Machado en Vela y Ancla. Y economía en sexto con el libro de Velarde. Ambas son y deben ser prescindibles, pero aquello tendía al bien, pese a su origen, y esto tiende desde su origen al mal.”
Los ojos como platos se me han quedado.
Por suerte, yo no tuve que cursar la asignatura (tan aplaudida por los curas), pero me he tomado la libertad de extraer algunos fragmentos del libro “Lecciones de Formación del Espíritu Nacional” destinado a alumnos de 1º y 2º de bachillerato (Wikipedia).
“pesaba sobre España la terrible amenaza de una revolución comunista, con la cual se pretendía, bárbaramente, hacer de nuestro pueblo un esclavo de Rusia”
“ante todo este maremagnum, el Ejército (…) tiene la sagrada obligación de intervenir cuando lo que peligra es el ser mismo de la Patria”
Para que nos entendamos:
La Formación para el Espiritu Nacional, creada a medida por un régimen dictatorial como el de Franco para transmitir la ideología fascista tiende al bien.
Educación para la ciudadanía, fundamentada en valores de tolerancia, democracia y derechos humanos, auspiciada por un gobierno democrático con un amplio concenso tiende al mal.
Joder, siempre he pensado que para Losantos el fin justifica los medios, pero dentro de unos límites que no somos tan idiotas.
Les dejo con la historia de un forero de elpaís.com que ilustra claramente el concepto del bien y el mal que tiene nuestro locutor favorito.
“Con quince años, el “profesor” de Formación del Espíritu Nacional me sacó en clase para que leyera uno de esos relatos del libro de más bulto del bachillerato de entonces. Me pidió que le diera mi interpretación (claro, ajustada al ideario franquista), a lo que me negué. Me preguntó que por qué hacía eso y le respondí, que la política (la franquista), era un “mamoneo”, que me preguntara por el hambre en el mundo o por la falta de libertad. Se quedó flipando. Suspendí, claro. Suspender una “maría” era noticia. Ese “profesor”, era también de “Educación Física” y en el gimnasio, me hizo subir por una cuerda lisa. Al estar arriba, me ordenó un descenso inmediato, a la vez que agitaba la cuerda: me quemé las manos al deslizarme brutalmente por ella. Supongo que ese fue el precio por mi pequeña libertad de expresión. Ni que decir, que con el tiempo transcurrido, me siento orgulloso.“